28 de octubre de 2015

PR3: Odiseas de una secretaria #1

¡Hola! Aquí traigo, nuevamente, la primer entrega de los PR3: odiseas de una secretaria. Así, para los que no lo leyeron con anterioridad o para aquellos que desean retomar el hilo de la historia puedan disfrutar de las locuras de Kate.


Primera Odisea

Mierda, mierda, mierda… murmuré en mi mente al descubrir que ese café que tenía entre mis manos no era el mío. ¡Había cometido el más grande error del universo! Volteé mi rostro despacio, como si fuera una escena de película en cámara lenta, y observé la puerta del despacho de mi jefe. Que tuviera el café equivocado, significaba una sola cosa...
Enseguida, recibí la penetrante mirada azul de Rafe, mi jefe, y no pude más que suspirar como una idiota y desear que me tirara sobre el escritorio, me quitara la ropa a tirones y tuviéramos sexo duro y salvaje. Maldita sea, pensé. No es momento de poner húmeda las cosas. Y fue cuando rogué que mis bragas no se mojaran. Concéntrate, mujer, me regañé.
Entonces, mientras yo mantenía esos alocados pensamientos, él solo se limitó a alzar una ceja, dejar mi café en la mesa y tomar el suyo de entre mis manos.
—Kate, le pones demasiada azúcar a tu café—refutó antes de darle un sorbo a su amarga bebida y desaparecer dentro de su oficina otra vez.
Y tuve ganas de gritarle… ¡Claro que le pongo demasiada azúcar! Si lo que le falta a mi vida es algo dulce y adictivo. Pero solo sonreí apenada a su puerta de roble perfectamente cerrada.
Suspiré. ¿A quién quería engañar? Lo que le faltaba a mi vida era un Rafe Collins. ¿Por qué no los vendían en las tiendas? Hasta podrían ponerlos con ofertas. Algo como… “Comprando este Rafe C. se lleva de regalo un kit de juegos sexuales”.
—Un sueño imposible…—susurré a la nada.
—¡Buen día, Kate! —El saludo del mensajero, Ethan,  me trajo de nuevo a la realidad—. ¿Cómo estás el día de hoy?
Tomé un lapicero y comencé a firmar el papel de entregas mientras le contestaba:
—Pues había comenzado genial—comenté entre suspiros—, hasta que se me ocurrió intercambiar nuestros café con el jefe.
Ethan puso cara de horror. Como si le hubiera dicho que las cervezas se habían convertido en agua.
—Sabes que odia lo dulce—comentó aún horrorizado.
—Lo sé—espeté entre dientes y entrecerrando los ojos—. No tienes que decírmelo.
Él se encogió de hombros, sonrió inocente y, tras tomar sus papeles, se regresó directo al ascensor.
—Oh… ¡Kate! —Su voz sonaba bien entusiasmada. Lo observé expectante a que hablara, imaginando de todas formas lo que vendría—: ¿Cuándo estarás libre?
—Nunca, Ethan—respondí, tomé la correspondencia y me encaminé a la oficina de mi jefe—. Nunca.
Golpeé dos veces la puerta de roble.
—Adelante.
Apenas escuché su voz, ingresé. El despacho de Rafe era como un recinto al que nadie hubiera entrado por años. Cada cosa estaba en su sitio, perfectamente colocada, ni un milímetro a la izquierda ni a la derecha. Cuadros alineados y libros ordenados alfabéticamente. Todo sin una pelusa o rastro de polvo. 
Me acerqué hasta su escritorio y quise reír. Definitivamente, lo único que parecía el lugar de un hombre de negocios era ese sitio. Los papeles desparramados, la tablet sobre ellos, la portátil a un costado y folios encima de todo. 
—¿Qué sucede? —inquirió sin despegar la mirada del celular.
—La correspondencia—contesté simplemente y la coloqué en la esquina, casi al borde, del escritorio. El único lugar visiblemente libre.
—Gracias.
Le dediqué una mueca al ver su falta de atención para mi persona y me giré para salir de allí y así comenzar con mis pendientes.
—Kate, espera.
Volteé despacio. El timbre de su voz sonaba suave y algo confundida. Eso no era una buena señal.
—¿Si?
—¿Por qué das la dirección de la oficina para tus paquetes?
¿Qué yo…? Enmudecida, observé la pequeña caja que sostenía en su mano libre. ¿Eso era mío? Nunca daba como domicilio el trabajo para mis adquisiciones online. Las cuales eran muy pocas. Bueno, quizás no tan pocas, pero no eran exageradas.
—Es algo pesado—comentó—, ¿compraste un libro o algo así?
¡Oh! Ya recordaba… Estúpido y descerebrado Ethan. ¡Me tenía que haber avisado que ese paquete era mío! Mi preciada y anhelada novela por fin había llegado. Pero estaba en manos de mi jefe.
—Juro que no volverá a ocurrir—dije entonces—. Lo que sucede es que la fecha de entrega era para esta semana, no me daría tiempo para recibirlo en la casa y la oficina de correos no me queda tan cerca…
La hora sexta de H. Kramer*.
Su voz cortó mis palabras y quedé paralizada. Entonces, no pude evitar preguntarme… ¿Así podría sonar la voz de Caín*? Oh, mierda. Esperaba que no, porque tendría orgasmos cada media hora. Un Caín con la voz de Rafe… ¡Todo un deseo cumplido!
—¿Crees en los demonios, Kate?
Su pregunta me descolocó un poco y en los primeros segundos me quedé callada. Si, Kramer es uno, pensé. Bueno, uno a mitad… Sin embargo, no contesté.
—¿Cree en Dios y en los ángeles? —No habló y solo clavó su mirada en mí. Me encogí de hombros—. Sería algo parecido entonces.
Rafe meneó la cabeza, como si se resignara, y extendió la caja con el libro dentro.
—Estás en horario laboral.—Intentó recordarme como si fuera una niña en clase con el móvil en mano.
—Lo sé.—Tomé el paquete de sus manos y salí de esa habitación que comenzaba a quitarme el oxígeno de mis pulmones.


Alcé la mirada de los papeles que estaba organizando en folios para ver que el reloj marcaba las once y cuarenta. Faltaban veinte minutos aún para largarme al almuerzo y poder echarle mano a lo que tenía en el bolso. Era como si el diablo me estuviera tentando a agarrar la novela y ponerme a leer ya. Y eso sonaba bastante irónico si íbamos al caso.
—Kate.—La voz de Rafe me despertó de mis cavilaciones—. Pide comida china, tendremos que quedarnos a trabajar. Ha llamado otro cliente. Avísale a Emma para que le comunique a Jack que hoy no almorzaré con él.
—Enseguida.
Él entrecerró los ojos y luego se metió de nuevo a su despacho sin despegar su mirada de mí. Seguramente, se había extrañado de la sonrisa estúpida que cubría mi rostro. ¿Y cómo evitarlo? Si en esos momentos era la mujer más feliz del mundo. Era como disfrutar de una cita, laboral, pero casi cita a fin de cuentas. Nadie podría evitar que yo lo viera de ese modo. Jamás.
Estaba por tomar el teléfono y hacer las llamadas cuando el aparato sonó regalándome un susto.
Hudson & Conelly Asociados**. Buenos días.
Pásame con Rafe.
Genial. La estúpida y zorra de la ex mujer de mi jefe. 
—El señor Rafe en este momento no puede atenderla, señorita Lauren.
No me importa si puede o no. Pásale la llamada—insistió la muy descarada.
—Es que en estos momento…
—Kate.—Rafe estaba apoyado contra la puerta a media abrir—. Comunícala.
No pude evitar fruncir el ceño, voltear el rostro en otra dirección y asentir de mala manera.


Estuve tentada a pegarme a la puerta de roble y escuchar la conversación. No obstante, como buena secretaria no chismosa me contuve y me quede quieta en mi silla.
Me daban ganas de clavarle chinches en los ojos y ponerle grapas en la boca a esa zorra. Después de haberle puesto los cuernos a Rafe, y que él la mandara por el drenaje hacía casi dos meses, la desgraciada tenía el descaro de continuar llamando e insistir en arreglar las cosas.
Maldita perra desgraciada, si yo…
—Mis papales no tienen que sufrir tu ira.
El comentario de mi jefe casi me hizo pegar un brinco. ¿En qué momento había terminado su llamada con la puta esa?
—Lo siento…—susurré.
—Tendré que salir. Pídete la comida china y disfrútala por mi.
No me dio tiempo a contestar. Él simplemente desapareció por el largo pasillo en dirección a la recepción y rogué que Eli lo detuviera, aunque sabía que eso jamás ocurriría. Rafe tomaría el ascensor y se encontraría a almorzar con su ex.
Suspiré. Pedí la comida china para dos, agarré mi novela y con los pies descalzos me dispuse a comenzar la lectura.
Definitivamente, mi día había sido de mierda. Bueno, quizás Caín podría darme una alegría junto a los chocolates.


* Novela autopublicada por H. Kramer y disponible en Amazon. Caín es un personaje de la misma.
** El mismo despacho de abogados en el que trabaja Emma, la protagonista de Dark Valentine. Rafe vendría a ser el otro dueño, junto a Jack Hudson (jefe de Emma).


Hasta aquí por ahora. 
Tengan todos un excelente mitad de semana. Nos leemos pronto.
Saludos, Marifer.



3 comentarios:

  1. No es por seguir quejandome pero tu blog tiene el problema de que no se actualiza en mi lista de Blogs que sigo. Fin de queja.

    Me gusta empezar a leer de nuevo esta historia, si significa que voy a poder continuarla. Me agrada esa perspectiva.

    Besos.

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  2. Maaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaas!!!!!!!!!

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